El Sufismo: el Shaikh Ahmed ben Mustafa al-Alawi


«El Infinito o el Mundo de lo Absoluto, que consideramos exterior a nosotros, es, por el contrario, universal, y existe tal cual tanto en nosotros mismos como en el exterior. No hay más que un mundo, y es ése. Lo que consideramos el mundo sensible, el mundo de lo finito o temporal (es decir, la manifestación criatural y transitoria de Dios) no es sino un conjunto de velos que ocultan el Mundo real (increado e infinito). Estos velos son nuestros propios sentidos (comenzando por nuestro “sentido interno”, la consciencia individual y mental, que determina los cinco sentidos de la percepción corporal). Nuestros ojos son velos de la verdadera vista (o conocimiento del “Sí mismo”), nuestras orejas un velo del Oído verdadero (que “todo lo oye”)… ¿Qué queda entonces del hombre (si no es más que “velo”, limitación e ignorancia)? Queda un ligero resplandor (la “chispa” divina oculta en lo más recóndito de su alma) que se le aparece como la lucidez de la consciencia. Hay continuidad perfecta entre ese resplandor (de la Consciencia del “Sí mismo”) y la gran Luz del Mundo infinito (la Consciencia total del “Sí mismo”, que es la de Dios). El mundo (o el hombre) tiene alma, y esa alma (en su esencia pura) es Dios. Dios tiene cuerpo (un “velo” tejido de “luz” o conocimiento de “oscuridad” o ignorancia), y ese cuerpo es el Universo (la Manifestación cósmica de Dios. ¡Oh corazón mío (en el cual se oculta el “resplandor” de la Consciencia o Conocimiento divina), escucha y comprende a Dios!
¡No estés distraído, no te desbordes, por temor a que reveles el secreto de Dios!»

el Shaikh Ahmed ben Mustafa al-Alawi
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