Hacia la plenitud


La ausencia de un yo en usted es presencia de Dios.
Jean Klein

La característica de nuestro condicionamiento es que nos consideramos como una entidad autónoma, individual, y así la realidad no puede llegar hasta nosotros. Un concepto es una ficción sin substancia, sin independencia, como un sueño, y en este nivel todo lo que hacemos está dirigido por un yo, es intencional, es un acto parcial. Lo que efectuamos bajo la influencia del «yo» individual nos encierra en un círculo infernal, somos tributarios de las condiciones de este acto y de este pensamiento. (...)

En la esfera de lo conocido, cada cosa está clasificada, catalogada, congelada. Más allá, es un descubrimiento constante, todo apunta hacia la conciencia-testigo y todo está absorbido en ella.

El miedo, la angustia están subordinados a la memoria; la emotividad, la afectividad que ciegan son reflejos de un psiquismo alienado, las ideas, los ideales no son más que huida ante una continua renovación.

La constatación de lo que somos, perfecta beatitud, con una perspectiva correcta, es el punto de arranque. Entonces, nuestra vida adquiere otro significado. Es un conocimiento instantáneo, una percepción directa y las investigaciones propuestas por el instructor nos llevan hasta esta intuición. Perspectiva significa orientación, «apuntar hacia», y la experiencia consiste en «mantenerse ahí», a no volver más a ser prisionero de los errores del yo y de sus limitaciones.

El pensamiento discursivo, intencional, nunca puede llevar a esto hacia lo cual apuntamos, el ser. La intuición directa nos alumbra, nos enseña que no hay nada por acumular, nada por adquirir y el dinamismo de la búsqueda se vacía. En cuanto se disipa la ilusión, el buscador vive la plenitud que es gracia.
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