La sed y el pozo sin fondo

Imagen tomada de la Red
"A tu corazón, Él se revela. Él que siempre ha morado en el inescrutable misterio. Pero eras tú mismo el velo sobre tu ojo, aunque eso fuese por virtud de tu similitud divina.
Ibn 'Arabi
Según Buda Shakyamuni la causa de nuestro dukkha individual es tanha, que generalmente se traduce como "deseo", pero más literalmente sería "sed". Nada de cuanto bebemos puede saciar nuestra tanha porque esa sed se debe a un vacío en el centro de nuestro ser. Es como si el centro fuera un pozo sin fondo, algo así como los agujeros negros que los astrónomos creen que se hallan en el centro de la mayoría de las galaxias. Por mucho que intentemos llenar nuestro propio agujero negro con esto o aquello, todo termina tragado por él y desapareciendo en él.

No tiene fondo porque nuestro sentido del yo es un constructo que no puede hallar fundamento. (…) El problema es la "sed", no la vacuidad en el centro de nuestro ser, sino nuestros incesantes esfuerzos por llenar ese agujero, pues lo experimentamos como un sentido de carencia que debe llenarse. El problema no es que yo sea irreal, sino que sigo intentado hacerme real de distintos modos, ninguno de los cuales funciona. (…) La felicidad no puede obtenerse satisfaciendo el deseo, pues nuestra sed significa justamente que no tiene fin. La felicidad sólo puede alcanzarse transformando el deseo. ¿Será esto cierto también para la felicidad colectiva de la sociedad? Hay un nivel básico de necesidad de alimento, cobijo y atención médica que debería ofrecerse a todo el mundo, pero la perspectiva budista es que más allá de ello nos equivocamos al esforzarnos por una solución económica a la infelicidad humana.

(…) La solución budista a esta ilusión del yo es darse cuenta de nuestra no-dualidad con el mundo, lo cual es sabiduría, y actualizarlo en el modo de vivir, lo cual es amor. (...) no estamos destinados a intentar llenar permanentemente un pozo sin fondo. Aunque no podemos liberarnos de la oquedad de nuestro centro, podemos experimentarla de modo distinto.

Resulta que nuestra oquedad no es tan terrible, al fin y al cabo; no es algo que necesite llenarse. No podemos hacer que nuestros yoes sean reales mediante los distintos modos que lo hemos intentado –el pozo sin fondo se traga todos nuestros esfuerzos-, pero podemos descubrir algo de la naturaleza del agujero que nos libra del intento de llenarlo. No necesitamos hacernos reales, pues siempre lo hemos sido. No necesito fundamentarme a mí mismo, pues siempre he estado fundamentado: no, ciertamente, como un ego separado, encapsulado en la piel en algún lugar detrás de mis ojos o entre mis oídos y mirando el mundo, pues nunca ha existido tal yo. Más bien, el recalcitrante agujero negro sin fondo puede transformarse en una fuente y convertirse en un manantial refrescante que brota en el centro de mi ser. La ausencia de fondo de este manantial ahora significa algo muy diferente que antes. Ahora se refiere al hecho de que nunca puedo entender la fuente de este manantial, por la sencilla razón de que soy ese manantial. No es sino mi verdadera naturaleza. Y mi incapacidad para expresar reflexivamente esa fuente, para fundarme y realizarme llenando ese agujero, no es ya un problema, pues no hay ya necesidad de apresarlo. La cuestión es vivir ese manantial, permitir que la fuente mane. Mi sed se "extingue" pues el dejar ser en el centro de mi realidad significa que mi sentido de carencia se evapora a medida que esta fuente mana.
(…)
Sin embargo hay un problema con esta metáfora: la imagen de una fuente en nuestro centro todavía es dualista. Nuestro centro, nuestro fundamento sin-forma, parece incluso más separado del mundo "exterior". La experiencia es justo lo opuesto, pues la dualidad entre lo interior y lo exterior desaparece cuando "yo" no necesito intentar fundamentarme a mí mismo apresando algún fenómeno en el mundo.

David LOY
El gran despertar: una teoría social budista
Fuente: CETR
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