La vía del VER


El hombre exterior es la puerta batiente. El hombre interior es el quicio inmóvil.
Maestro Eckhart

Mientras es verdadero que esta vía de despegue vertical, que este instantáneo ver en mi Naturaleza sin tiempo, es sin-esfuerzo y gratis, es verdadero también que opera en mi vida solo en la medida en que se trabaja. El descubrimiento de que yo soy absolutamente perfecto como yo soy –Como YO SOY– tiene que ser actualizado por su paciente redescubrimiento, y redescubrimiento, y redescubrimiento, hasta que todo rastro de artificio y de esfuerzo, todo sentido de logro u obtención, se hayan desvanecido. Hasta que haya devenido el vivir día a día ordinario que siempre ha sido de hecho, el propio estado natural de uno. En otras palabras, a pesar del despegue vertical instantáneo, uno tiene que emprender también esa senda gradual y lenta y ardua. Aunque el progreso a lo largo de esa senda se hace dejándola repetidamente, uno no puede permanecer en el aire. (Uno está a la vez arriba y sujeto a la tierra, y no hay ninguna contradicción. Según el maestro zen Ummon: «Para el hombre en verdad iluminado la sujeción a la ley de causa y efecto, y la libertad de ella, son una única verdad»). No hay ninguna vía libre de zozobra o exenta de trabajos. La cualidad de la propia vida espiritual depende del esfuerzo que uno esté preparado a invertir en ella.


Por otra parte, nadie que ve en su Naturaleza Sin muerte debe asustarse por esta perspectiva de «trabajo duro» quizá durante muchos años. La primera visión de esto, por breve y provisional que sea (en la medida en que podemos hablar de una primera vez) es ya perfecto ver.


Uno no ve con más claridad a medida que pasa el tiempo. Ésta es la única cosa que yo no puedo hacer mal o parcialmente. Toda una vida, un centenar de vidas de práctica no me llevarán ni un centímetro más cerca de LO QUE YO SOY; sólo pueden traerlo cada vez más a mi atención.


Y, me pregunto, ¿es esta vida de ver una vida tan difícil? ¡Sí, y enfáticamente No! De acuerdo a mi larga observación de mí mismo, la vida de no ver resulta mucho, muchísimo más difícil. Después de todo, ¿qué es este ver dentro sino vivir desde la verdad de mi Naturaleza, y qué es esta obstinada ceguera a mi Naturaleza sino vivir desde una mentira (que –en la medida en que puede hacerse y no sólo imaginarse– tiene que ser condenadamente ineficiente)? Cuando uso una herramienta es bueno que observe si es un martillo o una sierra, a menos que esté determinado a dañarme y a arruinar la tarea. Bien, yo soy mi propia herramienta para vivir, de modo que la miro bien mirada, y me cercioro de seguir mirando. La vida es inconmensurablemente más satisfactoria, y a la larga inconmensurablemente menos difícil de esta manera.


El Librito de la Vida y de la Muerte
Douglas E. Harding
Para leer al completo AQUÍ

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