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lunes, 29 de octubre de 2012

¿Por qué lloras, oh mente?


Resucita tú mismo de entre los muertos
Angelus Silesius

55
¡Usted es la única Pureza! Usted no tiene ningún cuerpo.
Usted no es la mente; usted es la Realidad suprema.
«¡Yo soy el Sí Mismo, la Realidad suprema!»
Diga esto sin ninguna vacilación.
 

56
¿Por qué lloras, oh mente? ¿Por qué lloras?
Adopta la actitud: «¡Yo soy el Sí Mismo!»
Oh amada, ve más allá que la mayoría;
¡Bebe el néctar supremo de la Unidad!
 

57
Usted no posee inteligencia, ni posee ignorancia;
Ni usted posee una mezcla de estas dos.
Usted, usted mismo, es la Inteligencia,
Una Inteligencia que nunca cesa, que nunca se desvía.
 

58
Yo no soy alcanzado por el conocimiento, el samadhi, ni el yoga,
Ni por el paso del tiempo, ni las instrucciones del Gurú;
Yo soy la Consciencia Misma, la Realidad última.
Como el cielo, aunque cambio, siempre soy el mismo.
 

59
Yo no tengo ni nacimiento, ni muerte, ni ningún deber;
Yo nunca he hecho nada, ni bueno ni malo.
Yo soy puramente Brahman, más allá de todas las cualidades;
¿Cómo podrían existir para mí la esclavitud o la liberación?

Canción del Avadhut
Dattatreya

domingo, 11 de diciembre de 2011

La prisión del sueño

Debes despertarte tú mismo. Si no lo haces, permanecerás prisionero de tus sueños.
Angelus Silesius
Cuando la dormición acontece...˜ instantáneamente aparece este presenciador y su mundo...˜ Todas las espiritualidades me dicen que el gozo está al final...˜ Los sabios me dicen que el despertar es la restitución de mi verdadera naturaleza original...˜ Yo me pregunto...˜ mi verdadera naturaleza original...˜ ¿cuándo me está siendo substraída...?˜ ¿quién va a venir a restituírmela...?˜ Yo no estoy interesado en lo que viene cuando la dormición acaba...˜ Lo que yo soy antes de que ella acontezca...˜ esa es la verdad que me interesa...˜


Pedro Rodea
El libro del despertar o si teneis que llamarme, llamadme nadie.

jueves, 14 de abril de 2011

No tengo ninguna queja


«Nosotros solíamos orar: Hágase
Tu voluntad, Señor y Dios mío.
¡Y he aquí! Él no tiene ninguna voluntad:
Él es sólo quietud».

Así escribe Angelus Silesius, el Peregrino Querubínico. 


Pero en ese caso, ¿qué tenemos que hacer con la gran afirmación de Dante: «Su voluntad es nuestra paz»? 

La respuesta es examinar nuevamente el Lugar que uno ocupa, y ver cuán vacío está de todo contenido suyo propio, y ciertamente de toda voluntad o intención. Y ver, también, cuán lleno está de esta escena, del mundo como se da ahora, completo con todos los sentimientos y pensamientos que están ahora coloreándolo y vivificándolo. ¿No es un hecho, en su propia experiencia ahora como la Fuente sin-voluntad, que su voluntad está perfectamente incorporada en todo lo que ahora está fluyendo desde esa Fuente, de modo que todo ello es perfectamente aceptable justamente como es? ¿Es posible ver Quién es usted, sin aprobar las cosas como ellas son? ¿Hay alguna otra vía, en último recurso, al auto-abandono verdadero, sino ser conscientemente el Uno que en Sí mismo no tiene ninguna voluntad, aunque es responsable de todo en el mundo? Ver que usted no está en el mundo, y que al contrario el mundo está en usted, es reconciliarse con toda su manifestación. 

Hubo una vez un discípulo zen tan dotado que su Maestro eventualmente le envió a un Maestro más grande para la instrucción última. Para sorpresa del discípulo, su nuevo Maestro resultó ser una anciana pobre y bastante enferma, que parecía no tener nada que ofrecer. Pero al fin él extrajo su mensaje. Era éste: «No tengo ninguna queja». Primero vea Qué y Quién es usted, establezca su verdadera Identidad, y entonces vea si usted tiene algo de qué quejarse.

Douglas E. Harding
La vía de un metro

martes, 21 de septiembre de 2010

A cero metros de uno mismo


Donde no hay ningún tiempo no hay ninguna voluntad, ninguna intención, ninguna elección, ningún lugar, pues todos estos son hijos del tiempo. Paradójicamente, el abandono real a la Voluntad Divina no es solo abandonar la propia voluntad personal de uno, sino toda voluntad, y reposar en la perfección de lo que es. La única vía de acceso a este lugar de no-deseo es prestarle atención, y ver que uno jamás ha estado en ninguna otra parte. Justamente aquí a cero metros de uno mismo, en el punto medio mismo del universo de uno, está el Dios que es la quietud en el corazón de la tormenta.
 
«Nosotros solíamos orar: Hágase
Tu voluntad, Señor y Dios mío.
¡Y he aquí! Él no tiene ninguna voluntad:
Él es sólo quietud».

Así escribe Angelus Silesius, el Peregrino Querubínico.

LA VÍA DE UN METRO

DOUGLAS E. HARDING

Para leerlo al completo y descargártelo, visita AtivarnAshram

Olvida las palabras

El gato y un diamante llamado Venus -  Copyright : VegaStar Carpentier Disfruta la maravilla de la inmediatez de la vida y ámala. Olvi...