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martes, 28 de junio de 2011

El vacío inalterable


Mire. Este dedo meñique cubre el ojo y evita que el mundo entero sea visto. De la misma manera esta pequeña mente cubre todo el universo y evita que la realidad sea vista.
Sri Ramana Maharshi
Sólo arrojándonos confiadamente en la insondable transparencia del vacío, podemos descubrir la infinita riqueza de nuestra verdadera naturaleza. Sólo cuando nuestro ego se disuelve por completo, aparece radiante el verdadero Sí mismo. Es necesario, pues, tener el coraje de enfrentarse al vacío total, de asumir la realidad sin forma y dejarse caer en el abismo de lo desconocido, sin esperar nada, sin apoyarse en nada, sin pretender refugiarse en parte alguna. No se trata de eliminar el sentimiento de miedo, sino de aceptarlo por completo. Al acoger plenamente la situación presente sin pretender cambiarla ni huir de ella, el ego, que no es sino un mero gesto de resistencia ante lo que sucede, desaparece instantáneamente. Y, con él, también el miedo, porque el temor sólo existe cuando el experimentador está separado de la experiencia. Entonces tiene lugar la transformación fundamental: ya no somos un ego aterrorizado que cae irremisiblemente por un abismo amenazante, sino que nosotros mismos somos ese abismo  vacío y pleno. Nuestra identidad última es la misma vacuidad. Y ahí no cabe la muerte ¿cómo la nada puede tener fin? Las formas aparecen y desaparecen, pero el vacío permanece inalterable. La vivencia de ese vacío es el comienzo de la sabiduría.

Siendo nada, soy todo
José Díez Faixat

martes, 29 de marzo de 2011

Interior y exterior


Levántate y hazte a un lado:
tú mismo estás tapando al Yo.
Hafiz
Cuando el individuo desciende hasta lo más profundo de su propia intimidad, descubre, sorprendentemente, que su naturaleza última es la fuente misma de toda la realidad, la lúcida apertura de la que surgen, en la que se manifiestan y a la que retornan, de instante en instante, todos los mundos. La consciencia pura final es idéntica a la energía creadora originaria, el verdadero yo de dentro es, en realidad, la totalidad del universo de fuera, el auténtico sujeto observador no es otro que la integridad de los objetos observados. Y viceversa. Se llega, así, a lo superior a través de lo interior, al más allá a través del más acá. Sólo adentrándonos en nosotros mismos, conseguiremos salir de nosotros mismos. Sólo profundizando en nuestro interior, nos liberaremos por fin, de nuestra ilusoria identidad separada.


José Díez Faixat
Siendo nada, soy todo
Un enfoque no dualista sobre la identidad

sábado, 24 de abril de 2010

No hay nadie

Desde la tierra el sol sale y se oculta. Pero desde la posición del sol, éste brilla continuamente y no tiene conocimiento de ningún salir y ocultarse.
Nisargadatta Maharaj
Atentos y abiertos al silencioso abismo que nos sostiene, sin buscar nada, sin atrapar nada, sin realizar ningún esfuerzo ni ofrecer la menor resistencia, el flujo emergente de la vida total se despliega espontáneamente, en nosotros y a través de nosotros, respondiendo lúcida y poderosamente a todos los desafíos que, momento a momento, se plantean en el mundo de las dualidades aparentes. La corriente creativa no se origina, pues, en ningún caso, en el individuo fenoménico, sino en la vacuidad inmutable y silenciosa, como respuesta a los retos que surgen en el devenir del universo relativo. Las situaciones se presentan y la vida total actúa creativamente, en armonía con todo, pero no hay nadie detrás de este proceso que decida o programe el curso de las cosas.

José Díez Faixat
Siendo nada, soy todo

miércoles, 27 de enero de 2010

El ilusorio yo separado


Cuanto menos haya del yo, más hay de Yo
Meister Eckhart

El ego nunca puede librarse de sí mismo. Cuando pretende ser nada, ya es algo. Cuando se esfuerza en estar ausente, acrecienta su presencia. Cuando intenta relajarse, provoca su propia resistencia. Cuando desea soltar sus apegos, crea nuevas adherencias. Cuando trata de conseguir la pasividad y el silencio, su esfuerzo le llena de ruido y actividad. El ilusorio yo separado no es capaz de obtener ningún logro espiritual, ni, mucho menos, su iluminación. Todo lo que hace para eliminar sus conflictos, miedos y deseos resulta completamente inútil, porque es precisamente ese esfuerzo por huir de la situación presente lo que genera sus conflictos, sus deseos y sus miedos. Todo anhelo por conseguir una meta -ya sea material o espiritual-, toda pretensión de llegar a ser algo -o a ser nada-, tiene al ego en su centro, y por tanto lo fortalece y perpetúa.

José Díez Faixat
Siendo nada, soy todo

sábado, 28 de noviembre de 2009

El testigo



Cuando comenzamos el viaje hacia el interior de la conciencia, confiábamos en que, tras desidentificarnos de todos los objetos observados, encontraríamos, en el fondo, el núcleo más íntimo del yo separado, pero, en realidad, al llegar a ese final del trayecto, el ego desaparece por completo, y en su lugar sólo queda un puro centro de percepción consciente, desimplicado de todo el mundo percibido. Es, como decimos, el testigo transpersonal, libre y sin forma, el espectador desapegado siempre presente, que no busca ni rechaza nada, que todo lo acoge ecuánimemente, que permanece inmutable ante los cambios y las agitaciones del universo fenoménico. Este testigo no es, sin embargo, nuestra realidad definitiva, sino tan sólo el último reducto de independencia de la sensación de identidad separada. Desde esa posición, uno todavía se siente como un centro experimentador diferenciado de la realidad experimentada y, por tanto, esta perspectiva sigue siendo tan ilusoria y provisional como todas las anteriores.

Mientras creamos ser un sujeto conocedor ajeno a los objetos conocidos, nos seguiremos moviendo en el mundo de la dualidad, pero aunque el testigo desimplicado no es una excepción, ciertamente se encuentra en una posición privilegiada, en el mismo umbral de la realidad no dual. El testigo puede ser interpretado, pues, simultánemante, como el nivel más elevado del desarrollo individual, o como el último obstáculo que nos impide descubrir nuestra verdadera naturaleza. El espectador transpersonal constituye, en definitiva, el puente o nexo entre lo finito y lo infinito, entre lo temporal y lo eterno, entre lo fenoménico y el Sí mismo real.

José Díez Faixat

Siendo nada, soy todo
(Un enfoque no dualista sobre la identidad)

martes, 25 de agosto de 2009

Sólo aquellos que lo buscan ...


"Aunque el conocimiento de Dios no pueda ser alcanzado mediante la búsqueda, sólo aquellos que lo buscan terminan encontrándolo.
Abu Yazid Bistam (Bayazid)"


Porque el despertar no es el resultado de nuestra investigación, pero nunca sucede sin nuestra investigación. Si no hacemos algo al respecto, seguiremos exactamente donde estamos.

Nos hallamos, pues, en una complicada encrucijada: si el ego hace algo para iluminarse, su mismo esfuerzo lo impide, pero si no hace nada, tampoco surgirá la iluminación. La clave para resolver este dilema está en comprender que la acción no debe orientarse a perseguir la realidad absoluta, como si actualmente no la poseyéramos, sino a desenmascarar la mentira con la que nos estamos engañando en cada instante al identificarnos con una estrecha entidad relativa. (...) El Sí mismo ya lo somos y, por tanto, no hay que hacer nada para lograrlo. Basta, pues, con dejar en evidencia el caracter ilusorio del yo separado, para que se manifieste diáfanamente la plenitud que somos desde siempre.

José Díez Faixat
"Siendo nada, soy todo"

jueves, 30 de julio de 2009

Siendo nada, soy todo

Nuestro verdadero Yo ilimitado, al proyectarse a través de una estructura determinada de energía y conciencia, se confina en los límites de esa estructura y asume el papel de un yo finito y separado. La visión errónea producida por esta oscurecedora identificación del yo, que en cuanto infinito es uno con todo pero en cuanto finito se enfrenta a un universo ajeno, constituye el drama central de la existencia humana. Por eso, todas las tradiciones espirituales invitan a investigar vivencialmente sobre la propia identidad -"conócete a ti mismo"-, porque ello nos permitirá comprobar, de forma directa, que el personaje con el que estamos habitualmente identificados no es sino una minúscula expresión relativa de nuestra realidad integral. El mensaje unánime de la sabiduría universal propone, básicamente, desligarse de la fijación exclusiva sobre el yo existencial y lograr un anclaje en el Yo esencial, trascender la persona superficial, encerrada en sus estrechos límites, y descubrir el profundo Ser central, que no es sino la simple y diáfana lucidez infinita en la que están surgiendo la totalidad de los mundos, espontáneamente, en cada instante.

En su centro, el ser humano es inmutable, eterno, sin nacimiento ni muerte. En su periferia, sin embargo, es cambiante, efimero y está naciendo y muriendo permanentemente. No se trata de rechazar ninguna de ambas facetas, porque, de hecho, forman una única realidad indisociable, sino de desplazar el centro de gravedad desde la ilusoria existencia separada que creemos ser en la superficie, hasta la verdadera identidad omniinclusiva que somos en el fondo, desde siempre. Para el Yo único no hay dos yoes. La presunta entidad individual, contingente y transitoria, es meramente un reflejo en miniatura del único y eterno Sí mismo, un simple rayo proyectado desde el Ser autorrefulgente e infinito.


José Díez Faixat
"Siendo nada, soy todo" con prólogo de Consuelo Martín.

(Gracias a José Manuel de Yoga y Estudios Tradicionales por recomendar este magnífico libro)

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