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martes, 5 de marzo de 2013

El refulgor de lo divino


Cuando mueres, tu (el) mundo entero muere contigo.
Byron Katie

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Existe esta Vida que lo penetra todo y que denominamos Dios, lo Absoluto, la Realidad última, el verdadero Ser, etc. Este verdadero Ser es la profundidad de nuestra existencia. Es el Ser a partir del cual vivimos. Mejor dicho: es el Ser que vive en y a través de nosotros. Somos su forma de manifestarse.

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La muerte mística es la muerte del yo, y ese yo es el que las personas no quieren soltar. En occidente nos hemos identificado de tal manera con nuestro yo que lo equiparamos a la vida y deseamos perpetuarlo; en eso parece consistir el pecado original: haber creído poder ser «como Dios» con este yo. Ese yo no es más que el punto de cruce de nuestras fuerzas psíquicas que se nos presenta como independencia. Es una ilusión sin más y se trata simplemente de desprenderse de ella. El yo no es más que un pequeño disco que flota sobre nuestra consciencia; un órgano de ella, pero se comporta como si fuera el soberano y, por ello, se encuentra en una lucha constante con la profundidad de nuestro ser. La actividad de este yo aparentemente autónomo y el egocentrismo resultante constituye la verdadera enfermedad de nuestro tiempo, sobre todo en occidente; se la denomina «egoneurosis».

Quien no es capaz de desprenderse de su yo, de morir y de mirar la muerte cara a cara, tampoco podrá vivir. Son pocas las personas que emprenden el camino de la muerte del yo el camino místico—, y menos aún las que van por él hacia el final. Porque antes del morir está el miedo.


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Nuestra existencia auténtica no es estática, sino dinámica, y se vierte una y otra vez en formas nuevas. Así que nuestra verdadera identidad está en el flujo y reflujo de la Vida. No tenemos vida propia. Todo lo existente es el refulgor de lo divino. No es nuestra vida la que vivimos, sino la de Dios.

Willigis Jáger
En busca del  sentido de la vida 
El camino hacia la profundidad  de nuestro ser

lunes, 24 de diciembre de 2012

La danza de Dios



Cuando entre en el fondo, en la base, en el río y en la fuente de la divinidad, nadie me preguntará de dónde vengo o dónde he estado. Allí nadie me ha echado de menos" Eckhart, sermón 26

Si un bailarín termina un paso para dar uno nuevo, esto no significa el fin de la danza. Es la continuidad de la danza, de un paso nuevo de la danza. Dios baila su creación. También nosotros somos bailarines y danza y un paso individual, único, inconfundible de la danza de Dios. Cuando un violinista toca el siguiente sonido, no supone el fin de la melodía, sino la continuidad de la música. Dios resurge en el árbol como árbol, en el ser humano como ser humano y en la galaxia como galaxia. En el ocaso es el ocaso. Y, de esta forma, el ocaso es en realidad el alba, es la realización de Dios, es la evolución de Dios.

Nacer y morir son la estructura de Dios. La muerte no existe, únicamente el alumbramiento de sí mismo por parte de Dios en el ir y venir. Y la extinción reviste la misma importancia que el retorno. También el ocaso es el latido del corazón de Dios, no solamente la resurrección.

Nuestro verdadero problema no radica en el morir, sino en nuestro apego a una forma determinada, a la que estamos teniendo ahora mismo. Toda figura tiene una importancia inconfundible. Tal como soy, soy la manifestación de la Realidad originaria Dios. Mi verdadera tarea consiste en ser persona. Ser persona y desplegar todo mi potencial vital. Soy una exposición única de Dios, lo mismo da si vuelvo a resurgir o no, y cómo resurgiré. En cualquier figura posible soy la figura de Dios.

Willigis Jager
La vida no termina nunca
Sobre la irrupción en el ahora


lunes, 1 de agosto de 2011

Forma y Vacío

“Vida” es un concepto adecuado para designar la realidad que llamamos “Dios”. Porque también la vida se sustrae a nuestra comprensión. No sabemos de dónde procedemos ni adónde va. La vida está en todas partes y en ningún lugar. Se manifiesta en todos y cada uno de los seres vivientes, pero a la vez es siempre más que un ser viviente. Exactamente igual ocurre con la Realidad primera. Está presente, pero tan sólo se manifiesta en la forma que se da a sí misma. En sí es vacío que requiere forma para poder aparecer. Pues sin vacío no podría haber forma, ya que la forma siempre es la forma del vacío. Lo mismo ocurre con la vida: está en todas y cada unos de los seres vivientes pues, sin vida, un ser vivo no estaría vivo. Pero la vida nunca es absorbida por un ser vivo determinado, siempre es mayor que éste. Va y viene con el ser viviente, pero sigue siendo inconcebible”

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“En el nivel de la mente cósmica donde tiene lugar la auténtica experiencia mística: la experiencia el vacío, de la “divinidad” sin atributos. Aquí es donde la persona experimenta “el ser desnudo”, el origen del que todo proviene. Es el nivel anterior a todo lo que emerge. Por eso, “el ser desnudo” no es un ser que tenga sustancia alguna. Dionisio Aeropagita lo ha expresado de manera maravillosa en este poema:



“El primer origen de todo no es ni ser ni vida.
Pues fue él quien creó ser y vida.
El primer origen tampoco es concepto o razón.
Pues fue él quien creó concepto y razón”


La experiencia mística es la experiencia de qué Forma y Vacío son uno, la vivencia de unidad de la propia identidad con la realidad primera. Este nivel mental es la meta del camino espiritual. Es la experiencia mística, y quien la hace será después una persona diferente. Sus ideas religiosas habrán cambiado. En cierto modo, la consumación de este paso significa morir, por lo que en la tradición de los místicos se habla de “la muerte del yo”.


Willigis Jäger
Del libro “La ola es el mar”

jueves, 19 de mayo de 2011

El Silencio


La experiencia de nuestra propia Existencia, que es la Suprema Realidad, Jñana Mismo, brilla como el Silencio y es el Verdadero Sí mismo detrás de la ficticia primera persona «yo». Que ese Supremo Sí mismo Absoluto, [conocido como] los Pies, sea sobre nuestras cabezas.
Guru Vachaka Kovai

¡Tan sólo prestar atención al silencio, escuchar el silencio! Hasta que seamos capaces de trabajar en el silencio, de hablar de él, hasta que la paz se haya convertido en ese fondo en el cual se muestra todo. Andar en el silencio, trabajar en el silencio, esperar en el silencio, en la parada del autobús, en la cola de la compra, en el médico, en medio del ruido del tráfico. El silencio cura. Es el único medio realmente eficaz contra el estrés. El sosiego hace algo con nosotros. Hay energías insospechadas en el sosiego, energías que ordenan, curan y armonizan. ¿Acaso no sabemos ya por la astrofísica que los espacios vacíos del universo contienen las energías más poderosas? … El silencio puede convertirse en oración. Ofrecer a Dios el silencio. El silencio une, también une con Dios, mucho más que las palabras. ¿Qué respondió el cura de Ars cuando se le preguntó qué hacía tanto tiempo en la iglesia? “Él me mira y yo le miro”. Mirar una flor sin querer ver nada en concreto. Pura apertura. Mirar una flor sin dividirla en color y forma. Percibir un árbol tal cual es, a una persona como es, sin valoraciones, sin juicios, sin querer clasificarla dentro de nuestros patrones de pensamientos. Entonces el mundo se revela nuevamente, recibe un color nuevo…

Partida hacia un País Nuevo
Willigis Jäger
(Fuente: El Silencio de las Caracolas)

domingo, 31 de enero de 2010

La ola es el mar



Si nos imaginamos la Realidad primera como un océano inmenso, nosotros somos algo así como las olas de ese mar. Si la ola tiene la experiencia “soy el mar”, aún hay dos: ola y mar. Pero en la experiencia mística se traspasa ese dualismo. El yo de la ola se diluye y en su lugar el mar se experimenta como ola. Se experimenta en la unidad de ambos y como la unidad de ambos. Este paso no lo lleva a cabo el místico, sino que le sucede. Ya no mira la realidad como un ente frente a él; no la ve, por así decir, desde el exterior sino que la experimenta desde el interior. Utilizando esta imagen, experimenta que todo es ola y océano a la vez. Todo es manifestación de la Realidad Una. Y, como todo es revelación de la misma realidad, también hay compenetración absoluta de todo. El mar son todas las olas, y todas las olas son una unidad. Todo es cosmos, y todo en él es la manifestación del mismo ser cósmico. Pero esto lo experimenta el místico precisamente al cesar la diferenciación entre él y las manifestaciones del ser.

Willigis Jäger
La ola es el mar

Olvida las palabras

El gato y un diamante llamado Venus -  Copyright : VegaStar Carpentier Disfruta la maravilla de la inmediatez de la vida y ámala. Olvi...