Forma y Vacío

“Vida” es un concepto adecuado para designar la realidad que llamamos “Dios”. Porque también la vida se sustrae a nuestra comprensión. No sabemos de dónde procedemos ni adónde va. La vida está en todas partes y en ningún lugar. Se manifiesta en todos y cada uno de los seres vivientes, pero a la vez es siempre más que un ser viviente. Exactamente igual ocurre con la Realidad primera. Está presente, pero tan sólo se manifiesta en la forma que se da a sí misma. En sí es vacío que requiere forma para poder aparecer. Pues sin vacío no podría haber forma, ya que la forma siempre es la forma del vacío. Lo mismo ocurre con la vida: está en todas y cada unos de los seres vivientes pues, sin vida, un ser vivo no estaría vivo. Pero la vida nunca es absorbida por un ser vivo determinado, siempre es mayor que éste. Va y viene con el ser viviente, pero sigue siendo inconcebible”

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“En el nivel de la mente cósmica donde tiene lugar la auténtica experiencia mística: la experiencia el vacío, de la “divinidad” sin atributos. Aquí es donde la persona experimenta “el ser desnudo”, el origen del que todo proviene. Es el nivel anterior a todo lo que emerge. Por eso, “el ser desnudo” no es un ser que tenga sustancia alguna. Dionisio Aeropagita lo ha expresado de manera maravillosa en este poema:



“El primer origen de todo no es ni ser ni vida.
Pues fue él quien creó ser y vida.
El primer origen tampoco es concepto o razón.
Pues fue él quien creó concepto y razón”


La experiencia mística es la experiencia de qué Forma y Vacío son uno, la vivencia de unidad de la propia identidad con la realidad primera. Este nivel mental es la meta del camino espiritual. Es la experiencia mística, y quien la hace será después una persona diferente. Sus ideas religiosas habrán cambiado. En cierto modo, la consumación de este paso significa morir, por lo que en la tradición de los místicos se habla de “la muerte del yo”.


Willigis Jäger
Del libro “La ola es el mar”
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