
... entonces alguien llamó su atención hacia el pobre joven ciego que recién había asistido a sus pláticas, dos veces tan sólo, una en la mañana y otra esa misma tarde, y había vuelto "liberado". Al fin de la sesión, el joven se despidió de Maharaj y alguien le preguntó si había entendido, a lo que respondió de modo convencido: "Sí'. Y cuando el propio Maharaj le preguntó qué había entendido, se sentó serenamente durante unos cuantos minutos y entonces dijo: "Maharaj, no encuentro las palabras adecuadas para expresar lo agradecido que estoy contigo por haberme revelado la realidad total en forma tan clara, simple y repentina. Podría resumir de este modo tu enseñanza:
1. Me pediste que recordara lo que era yo antes de que tuviera este conocimiento de "ser yo" junto con este cuerpo, es decir, antes de que yo "naciera";
2. Dijiste que este cuerpo con conciencia se había encontrado conmigo sin mi conocimiento ni consentimiento y, por consiguiente, "yo" nunca "nací";
3. Este cuerpo con conciencia que "nació" es temporal y, cuando desaparezca al final del tiempo que tiene asignado, volveré a mi estado original, que siempre está presente, aunque no de manera manifiesta;
4. Por lo tanto, yo no soy la conciencia y en verdad tampoco el complejo físico que alberga a esa conciencia;
5. Finalmente, comprendo que sólo existe Yo; ni "yo" ni "mío", ni "tú", sólo esto que es. No hay más esclavitud que la proveniente del concepto de "yo" y "mío" en tanto persona separada en esta totalidad de manifestación y movimiento.
Después de escuchar estas palabras del muchacho ciego, pronunciadas con tan profunda convicción, Maharaj le dirigió una mirada amorosa y comprensiva y le preguntó: "¿Qué harás ahora?" La respuesta fue: "Maestro, verdaderamente te he comprendido. No voy a hacer nada. Seguiré viviendo".
Entonces presentó sus respetos a Maharaj con devoción infinita y se marchó.
El joven ciego no lo era en realidad, dijo Maharaj. Tenía la visión de la verdad. Hay pocos como él.
Ramesh Balsekar
El Buscador es lo Buscado